En un vistazo
- El problema
- Un checkout con toda la tienda alrededor, cuenta obligatoria para comprar y fichas que se quedaban cortas.
- Qué hice
- Checkout sin cabecera ni pie, compra como invitado y fichas con más información y prueba social.
- El resultado
- La conversión subió un 44 % y el abandono de carrito bajó un 27 %.

El problema
Antes de cambiar nada, había que saber dónde se caía la gente.
Auditoría heurística, mapas de calor y análisis del embudo, antes de tocar una línea. En un ecommerce que ya vende, cambiar a ciegas es tan probable que rompa como que arregle.
Lo que encontré
El checkout tenía salidas por todas partes
Llevaba la cabecera y el pie de la tienda, como viene Shopify: todo el menú a un clic en el momento de pagar.
Para comprar había que hacerse una cuenta
No existía la compra como invitado. Quien solo venía a comprar tenía que registrarse antes.
La ficha se quedaba corta
Le faltaba la información que se busca antes de comprar un electrodoméstico y no tenía prueba social.
Las decisiones
Decisión 1
Un checkout sin salidas
Fuera la cabecera y el pie de la tienda en el proceso de pago.
Mientras se elige, el menú ayuda. En el último paso, cada enlace es una puerta para irse.

Decisión 2
Comprar sin cuenta
Se activó la compra como invitado, que no existía.
La cuenta obligatoria era un paso que no aportaba nada a quien solo venía a comprar. Ahora basta con el correo.

Decisión 3
Una ficha que responde
Las fichas se rehicieron con más información y prueba social.
Lo que la ficha no contesta, se va a buscar a otra web, y muchas veces se compra allí.

El resultado
Más compras y menos carritos abandonados.
- Tasa de conversión
- +44 %
- Abandono de carrito
- −27 %
La conversión subió un 44 % y el abandono de carrito bajó un 27 %. Con menos salidas donde se paga, sin cuenta obligatoria y con fichas que responden a lo que antes quedaba en el aire.
